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#YOMEQUEDOENCASA y aprendo a gestionar mis emociones

#YOMEQUEDOENCASA y aprendo a gestionar mis emociones

Llevas un mes de confinamiento, ¿te lo hubieras imaginado alguna vez?

 

Para mí es muy parecido a la desreralización que se sufre con la ansiedad. Una sensación de que no es real lo que estoy viviendo.

 

Estos días han sido muy diferente para cada uno de nosotros, no sólo porque cada casa es diferente (uno, dos o veinte, grande, pequeña,…) sino porque a cada uno le ha tocado en un momento de su vida, en un proceso. Quizás estabas conociendo a su nueva pareja, a lo mejor estabas acabando con ella; quizás estabas muy bien en tu trabajo, o quizás con tus dudas sobre él. 

 

Además, esta situación tiene sus propias peculiaridades. Nos remueve la ansiedad por la muerte, por la enfermedad, por la soledad, por nuestra economía… No es tan sencillo como «ahora nos quedamos en casa» y ya está, como un juego. Es una situación compleja y personal. Sin embargo hay algo que por mucho que no queramos ver van a ser, que son las emociones. Las emociones no se pueden negar y tampoco forzar. Son reacciones involuntarias a la interpretación que hacemos de una situación.

 

Esta situación te produce nostalgia: de lo que fue, de tu situación de equilibrio aunque fuera precario, de la normalidad o de ver a los tuyos. De lo que tenías, de lo que eras, de lo que hacías, de tu gente. Y esta emoción te mueve hacia la reflexión.

 

Esta situación te da momentos de rabia: con los que tienes cerca, con los que gobiernan, o con cualquiera que no haya estado a la altura (para ti). Rabia por la sensación de injusticia, porque algo no te gusta. Y de nuevo encontramos una función, la lucha. La rabia te ayuda a luchar por cambiar la situación.

 

Esta situación te da momentos de tranquilidad, de ir despacio y sin agobios. Momentos de aprender algo nuevo o hacer algo que siempre habías querido. Momentos de darte cuenta de lo que sea, pero sobre todo de ENCONTRARTE CONTIGO. Y esto, significa convivir contigo, con lo que te gusta y lo que no, con las emociones agradables y con las que no lo son tanto.

 

Así que aquí van mis recomendaciones para ti:

 

 

1. Dedícale un rato a tus emociones.

Resérvate aunque sean veinte minutos de tu tiempo. Y si no sabes qué hacer con ellas: escribe (lo que te venga, es para ti), dibuja, habla, baila, cualquier expresión o atención vale. La escritura terapéutica es una buena herramienta. A mí me gustan las propuestas de psheda. En el link que te dejo, te propone un reto de 21 días de escritura.

 

 

2. Tu objetivo es ser capaz de aceptar.

Esto es poder vivir cualquier situación/emoción en calma. No la fuerces, no niegues. Como hemos visto, cada emoción tiene su función y somos capaces de soportarlas. Tienes emociones positivas y negativas y querer estar siempre feliz no es adaptativo. No todo es feliz. Llegados a este momento me gustaría introducir el término: AUTOCOMPASIÓN. Y es que no sólo los demás necesitan tu apoyo, tu comprensión, tu empatía y tu aceptación. Tú lo necesitas también.

Hay una autora e investigadora sobre este tema que me gusta mucho y que te recomiendo: Brené Brown. Ella habla sobre la aceptación de tu vulnerabilidad o en sus palabras el poder de tu vulnerabilidad. Te dejo su conferencia maravillosa.

 

 

 

 

3. Comparte.

«Las penas compartidas son menos penas»

Contar con tus seres queridos o alguien externo hace que ordenes tus ideas, que veas de forma más objetiva la situación y además, sentirte arropado es una sensación imprescindible que te aporta serenidad.

 

Y respira.

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